«Un Linux en nuestras vidas»

Hoy, quizás por ser domingo, me he levantado con pocas ganas de escribir. Así que me he puesto a leer la recopilación de artículos del poeta y novelista Ramón Buenaventura en «El Semanal» (suplemento dominical que se vendía con varios periódicos regionales), los cuales se publicaban en una página de actualidad tecnológica bajo el encabezamiento «Cuadernos del cibernauta» y que guardo en uno de mis discos duros como oro en PDF. Solía ser lector habitual de dicha revista y, por supuesto, de la citada página; así que, cuando abro el PDF y me pongo a leer los artículos, casi todos ellos me suelen resultar agradablemente familiares.

Pero hoy me he topado con un artículo que, por algún avatar olvidado de mi vida, no recuerdo haber leído en su momento. se titula «Un Linux en nuestras vidas», y, como me ha sorprendido gratamente el asunto del cual trata, me he tomado la libertad de tomarlo prestado para publicarlo en este mi humilde blog. Se trata de un texto con un argumento un tanto optimista en relación a las perspectivas de futuro del sistema GNU/Linux, sobre todo teniendo en cuenta la fecha en el cual fue escrito: enero de 1999.

Precisamente, por la fecha de su publicación, convendría ponerse en situación y rememorar algunas circunstancias de aquella época: Microsoft llevaba pocos meses con su nefasto Windows 98 (al cual le sucedería el no menos nefasto Windows Me), Telefónica comenzó a comercializar sus líneas ADSL, para tratar de aliviar el inmenso atasco en el que se encontraba Internet en España, donde las autopistas de la información eran carreteras comarcales llenas de baches y pedruscos, los internautas nos resignábamos a navegar por la red a velocidad de tortuga con Netscape o IExplorer, los navegadores mas populares por entonces, el shareware y el freeware era los tipos de software más socorridos por los usuarios de PC para evitar tener que recurrir a la adquisición (más o menos lícita) de software comercial y, por último, el CD estaba siendo sustituido por el DVD como soporte de almacenamiento preferido por los usuarios y las revistas de informática, que regalaban discos ópticos a sus lectores con distribuciones de GNU/Linux y, sobre todo, shareware y freeware para Windows.

Así pues, teniendo en cuenta estas y otras consideraciones, invito a la lectura del artículo.

UN LINUX EN NUESTRAS VIDAS

Cito de un emilio (me ha dado por ahí, últimamente): «Bueno, antes de nada decirte que yo ya te escribí una vez, hablándote sobre un OCR [Optical Character Recognition: programa que traduce a texto las imágenes tomadas con un escáner, siempre que estas imágenes contentan texto, claro: imprescindibles y, por lo general, carísimos] que era muy bueno, etc. También te comentaba que a ver si hablabas sobre Linux en tu sección (aunque supongo que no será tan fácil por imposición de los “jefazos”)».
Existe entre muchos de ustedes el convencimiento, llevado más allá de la duda -hasta la auténtica obsesión-, de que si alguien intenta escribir algo que pueda lesionar los intereses de Microsoft, no le será permitido expresarse en ningún medio de comunicación. Y yo no sé si mis «jefazos» de El Semanal han pasado sus últimas vacaciones en la mansión de Bill Gates (no los veo yo en esas, la verdad), pero, si están comprados, sus vidas corren serio peligro, porque desde luego no cumplen con su deber de riguroso control. Miren ustedes, fíjense bien en lo que voy a escribir (redoblen de tambores, porfa): «Windows es el peor sistema operativo creado por el ser humano: el más inestable, el que peor gestiona la memoria, el que se queda cuajado con más frecuencia, el más quisquilloso, el rey de las pesadillas informáticas. Windows, a pesar de todos los años transcurridos desde su lanzamiento, sigue siendo mucho peor -para el usuario doméstico- que los sistemas operativos de Apple.». ¿Vale? ¿Es suficiente? Pasemos a otra cosa.
Si no intento enardecerles a ustedes como Moisés a los judíos, para emprender en disciplinada marcha la travesía del desierto de Windows y alcanzar la Tierra Prometida de Linux, no es porque nadie me lo impida, sino porque todavía no he perdido del todo el sentido común. Linux está aumentando su penetración casi cada cuarto de hora, y, poco a poco, está aprendiendo a comunicarse con el ser humano normal. Pero todavía no sabe hacerlo. Todavía requiere una entrega, una devoción, unos conocimientos, una dedicación, una paciencia, que ustedes no tienen por qué poseer. Yo no puedo recomendarles que se manumitan de Windows y se pasen a Linux. Lo haré en cuanto este sistema operativo consiga instalarse solo, desde un CD-ROM o desde la Red, sin mayores retoques ni ajustes, y nos ponga en condiciones de empezar a trabajar media horita más tarde. Eso es lo máximo que ustedes pueden concederle a un sistema operativo. Media horita de instalación automática. Linux lo logrará dentro de muy poco, dentro a lo mejor de tres o cuatro meses, al paso que llevamos; pero todavía no. Y ya veremos cuánto tiene que corromperse, comercialmente, para lograrlo.
Les advierto, no obstante, que debemos todos irnos haciendo a la idea de que Windows ha encontrado un competidor feroz y a muerte (apoyado por sus grandes enemigos industriales, claro está). Dentro de muy poco tiempo -nadie puede saber cuánto- una buena cantidad de ustedes habrá migrado a este sistema operativo gratuito (o muy barato), de libre distribución, estable, potente, racional, que puede poner un poco de orden en el caos informático por el simple procedimiento de no obligarnos a comprar un ordenador más musculoso cada dos años, como el artefacto de Bill Gates. No creo que la salida de Windows 2000 logre evitar este proceso. Pero, claro, la batalla será larga y difícil, entre otras cosas porque no se juega sólo en el campo del consumo doméstico, ni mucho menos. El negocio de los sistemas operativos no está tanto en usted y yo -los consumidores caseros- como en el empleo que de ellos hagan las instituciones y compañías que trabajan con red interna (es decir: con unos pocos o muchísimos ordenadores conectados a un servidor central). Ahí se concentra la verdadera pelea, ahí es donde Apple perdió su gran batalla, ahí es donde Microsoft (con el Windows NT) se las tiene a muerte con Unix. Lo que hagamos los particulares calza bastante menos importancia. Así, por ejemplo, a mí me pueden ustedes, los linuxeros, contar lo que quieran, pero a mí no me mola trabajar en casa con un sistema operativo cuyos archivos no voy a poder leer cómodamente en mi puesto de trabajo. Y en mi puesto de trabajo -agárrense los modernos- todavía nos las apañamos con Windows 3.11.
De todas maneras, qué remedio, me he sentido en la obligación de hablarles un poco de Linux.

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